La pornografía es un pilar bastante notorio dentro de la cultura visual de la nueva sociedad. Sobre ello no cabe ninguna duda, y como todo elemento cultural, tras de él se encuentra el interés financiero de grandes empresas y multinacionales.
La pornografía es una petición social a los servicios de comunicación con el objetivo de aliviar necesidades físicas primarias, de manera recreativa y placentera, basada en la aceptación de imágenes que motiven en la intimidad (o no) del consumidor la satisfacción y extinción momentánea de dicha necesidad.
La idea de que las mujeres sufren discriminación por la industria pornográfica, y de que la censura solucionaría el problema creando las condiciones para la genuina igualdad de oportunidades, no parece ser la conclusión de un argumento sólido. En primer lugar Dworkin señala que cuando se trata de prohibir la discriminación contra negros y mujeres, en sus empleos y en la educación, esta intervención gubernamental tiene lugar para que no se les insulte y se les perjudique. El gobierno prohíbe el hostigamiento racial o sexual en el trabajo, además de evitar que los rechace en el ámbito educacional o laboral por su condición. La idea es que estudiar o trabajar no se les haga penoso o imposible; en cambio, la solución de Mackinnon apunta a dejar de trabajar en un ámbito, que habría que averiguar si para todos es penoso.
Y es que la industria pornográfica mueve cantidades desorbitadas como al inicio apuntábamos:
Según el Informe Forrester y la Comisión de Valores e Intercambio, el negocio de la venta del deseo sexual a través de imágenes se ha convertido en una industria de 10.000 millones de dólares anuales en Estados Unidos. No obstante, estas cifras fueron rebajadas por Forbes, que desmontando punto por punto las estimaciones, llegaba a estimar los beneficios entre los 2600 y 3900 millones de dólares. No obstante, ninguna de las cifras es fiable, pues el cálculo de la facturación global que genera la pornografía en Estados Unidos es difícil y genera resultados poco fiables.
Recordemos que la industria pornográfica se desarrolla en prácticamente todos los medios: revistas, libros, cine, televisión (Satélite y Cable), VHS, DVD,... y sobre todo, Internet. Por ello, ante todo por el último medio aquí mencionado, la contabilidad de la consumición de pornografía es altamente dificultosa.
Podriamos decir entonces que no fueron las macrocifras las que convencieron del enorme poder que la pornografía y su industria sobre la sociedad y el mercado, sino el hecho histórico de la aceptación del formato VHS sobre el Betamax sencillamente por las presiones de los pornógrafos de los EE.UU. que allá por los años setenta, consideraron más prácticas y baratas para su negocio las primeras cintas.
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